Siembra de jade - Alex Irvine
por Jairo Ríos
Estamos en 1842. En las profundidades de la Cueva del Mamut, en Kentucky, Stephen Bishop, esclavo y guía de los turistas que visitan el complejo de cavernas, hace un sorprendente descubrimiento: una momia precolombina en perfecto estado de conservación. Pero esa momia es más de lo que parece. Riley Steen, un siniestro personaje, buhonero, médico, titiritero y poderoso mago, antiguo miembro de la conspiración de Aaron Burr, logra adquirirla del propietario de la cueva –el doctor John Croghan– para llevarla a Nueva York y venderla allí al museo del célebre Phileas T. Barnum.En esa ciudad, en el infame barrio de las Cinco Puntas –una de las zonas más deprimidas de Manhattan–, vive Archie Prescott, un periodista de segunda cuya vida está destrozada desde la muerte de su esposa y su hija en un incendio hace siete años. Lo que Archie no sabe es que ese incendio no fue un accidente y que su hija, Jane, sigue viva y es parte esencial en los planes que tiene Steen para con la momia. Durante una investigación sobre la corrupta aristocracia política de la Sociedad Tammany (base del partido Demócrata Neoyorkino), los destinos de Prescott, su hija y Steen se cruzarán ineludiblemente cuando la momia, el chacmool, sea devuelta a la vida...
En Siembra de jade, Alex Irvine nos ofrece una historia de fantasía ambientada no en un mundo lejano o inexistente, sino en los Estados Unidos en mitad del siglo XIX, trasladándonos a uno de los períodos menos conocidos y sin embargo más interesantes de su historia. Los que hayan visto la película de Martin Scorsese, Gangs of New York, al poco de empezar se darán cuenta que muchos de sus nombres y escenarios les resultan familiares: prácticamente toda la primera parte está ambientada, precisamente, en esa misma Nueva York de las bandas; no cabe duda que el libro de Herbert Asbury en el que se basó la película está entre las obras de referencia utilizadas por Irvine. Sin embargo, el escenario no se limita a esa Manhattan decimonónica controlada por la Sociedad Tammany y los Conejos Muertos, sino que su autor nos lleva también a través del río Ohio que surcan los barcos de vapor y el Kentucky rural de los tiempos de la esclavitud.
Y es que precisamente una de las mayores virtudes de esta novela es lo cuidado de su ambientación. Irvine no se limita a esbozar un escenario, sino que logra sumergirnos por completo en la época a través de una precisa reconstrucción histórica (más meritoria si cabe por lo relativamente oscuro del período) y, sobre todo, por la coherente mezcla entre ficción y realidad que despliega, hasta el punto que el lector duda por momentos sobre dónde termina la parte imaginaria y dónde comienza la histórica.
Entre los personajes (y con papeles más o menos importantes) nos encontramos personalidades reales, algunas (relativamente) conocidas, como P. T. Barnum o cierto escritor que cualquier visitante de esta página reconocerá enseguida, y otras más oscuras (al menos para el lector no estadounidense) como Stephen Bishop (parte del trío protagonista de la novela, auténtico y reconocido experto en las Cuevas del Mamut en “nuestro” mundo) o Aaron Burr (vicepresidente de EEUU caído en desgracia, cuyo intento de conspiración, tal como aparece reflejado en Siembra de jade, fue auténtico).
No conforme con esto, muchos de los acontecimientos que ocurren, y que forman parte de la misma trama, son completamente reales: desde el incendio de 1835 en Manhattan con el que se abre la narración, hasta el propio descubrimiento de la momia en las cuevas del Mamut. Si bien, en este caso, el suceso es levemente alterado para encajar con la trama –el descubrimiento se produjo algunos años antes de la fecha que le da aquí el autor–. En definitiva, toda la narración está sembrada de estos pequeños detalles que ahondan en su credibilidad y contribuyen a tejer una intrincada y profunda trama que transmite la sensación de ir mucho más allá de lo que el propio libro nos cuenta, amén de premiar al lector interesado en ahondar en las anécdotas históricas.
Pero la trama fantástica que alimenta la novela no se queda atrás, introduciendo la magia y la mitología aztecas en este fresco histórico y consiguiendo, contra todo pronóstico, entremezclar ambos sin que en ningún momento la extraña combinación chirríe. Y esto lo hace intercalando multitud de referencias sutiles a la magia y a las fuerzas sobrenaturales que actúan constantemente entre bastidores. Los dioses implicados (Tlaloc, dios de la lluvia y las aguas, Xiuhtechtli, dios del fuego, o el Conejo de la Luna, el Tochtli) aparecen y se enfrentan casi constantemente a lo largo de la narración en los detalles más aparentemente inocuos, a través de símbolos y referencias más o menos veladas, como si en todo momento estuvieran observando e influenciando, de algún modo, lo que está teniendo lugar en el mundo de los mortales.
Lo complejo de las interacciones entre personajes, magia y dioses resulta en un principio extremadamente confuso para un lector acostumbrado a entender la magia en términos “europeos” (y así, el prólogo, en el que asistimos a un preparatorio y amplio despliegue de fuerzas sobrenaturales, resulta a ratos complicado de entender). Pero según avanza la narración los misterios se van revelando y el lector aprende, casi a la vez que Archie Prescott, las reglas que rigen este extraño mundo oculto.
Porque lo que se desarrolla ante nuestros ojos en Siembra de jade es una lucha entre dos bandos muy dispares. Mientras que en un principio y a un nivel básico este enfrentamiento se produce entre Archie Prescott y Riley Steen, el “héroe” y el “villano”, su lucha personal se desvela como reflejo de otra más antigua, muy anterior a la llegada de los primeros hombres blancos a América, una lucha de siglos entre los indios lenape y los serpiente; entre sus líderes, Tamanend y el chacmool. Y, más allá, un enfrentamiento de proporciones cósmicas entre los dioses (y los mismos conceptos) del fuego y el agua y, en cierta medida, entre el Bien y el Mal, del que los personajes de la novela parecen simples peones.
En el lado negativo, aunque sin llegar a empañar la calidad del conjunto, encontramos, en primer lugar, una trama que, sin ser simple (como creo ha quedado claro), sí que avanza por unos derroteros un tanto previsibles. Aún con los giros que presenta, el lector se dará cuenta pronto de por dónde van los tiros y qué camino seguirá la historia.
El segundo punto negativo (tal vez), y una de las primeras cosas que vienen a la cabeza cuando se lee Siembra de jade, es la inevitable comparación con Tim Powers. Al fin y al cabo, Powers puede considerarse el representante por excelencia de este subgénero de “fantasía histórica” y el esquema que sigue Irvine remite directamente a su reconocido (en los mismos agradecimientos de la novela) modelo. Incluso, en un principio, pueden hallarse bastantes paralelismos con Las puertas de Anubis: la ciudad de Nueva York frente a Londres, la magia Azteca frente a la magia Egipcia, los Conejos Muertos frente a los ladrones de Horrabin, el héroe-a-su-pesar que es Prescott frente al héroe-a-su-pesar que es Doyle (además de que ambos terminarán pasando por ordalías y penurias bastante similares). Muchos elementos de la una remiten a los de la otra. Pero no por ello Siembra de jade es un mero trasunto de la obra de Powers; pese a ser su inspiración resulta más que patente que se despega de aquélla y desarrolla un mundo y una historia propias. Más aún. A título personal me atrevería a decir que el alumno supera en muchos aspectos al maestro, resultando bastante menos repetitivo, con unos personajes más creíbles y mejor retratados en la mayoría de los casos y una ambientación más detallada y cuidada.
Pero olvidándonos de las siempre odiosas comparaciones, Siembra de jade es una novela sólida, cuidada y apasionante, y un inicio muy prometedor para la carrera de Alex Irvine.
Título: Siembra de jade
Autor: Alex Irvine
Título original: A Scattering of Jades
Año: 2002
Traducción: Rafael Marín
Editorial: Bibliópolis
Colección: Bibliópolis fantástica nº 18
Año: Septiembre de 2004
Ilustración de portada: Montaje de Alberto Cairo sobre fotografías de Berenice Abbott y Michel Zabé
ISBN: 84-96173-13-5
A la venta en la Tienda de Cyberdark
Ficha en la Biblioteca de La Tercera Fundación
Ficha en la página de Bibliópolis





2 Comments:
Aun estando de acuerdo con lo más importante que has escrito, hay un detalle nada trivial que no comparto para nada. EMHO cualquiera de las novelas más populares de Powers es superior.
Centrándome en el aspecto meramente argumental, el que, como lector, veo más evidente, es necesario destacar la horrible explotación del deus ex machina por parte de Irvine. Su uso llega a ser tan habitual que uno se termina acostumbrando a que cuando se llega a un tiempo muerto aparezca al monstruito de turno pegando el susto de rigor, o cuando no parece haber salida ahí está el brazo amigo para salvar la situación. Momentos como los hechos "causales" que le acontecen al pobre de Archie Prescott por las calles de Nueva York o su malhadado viaje en el barco de vapor, yendo a parar a, fíjate qué casualidad, la isla idónea (anda que no es "ancho" el Mississippi) son los ejemplos más visibles de una cadena que nos lleva desde la primera a la última página en un ejercicio de pésimo guiñol, en el que se le ven las manos en exceso. Y sí, Powers también lo utiliza. Pero yo, al menos, le veo menos.
También se podría hablar de unos protagonistas que, a pesar de pasar las de Caín, apenas importan (EMHO) y unos adversarios que, lejos de reunir el carisma necesario, resultan grises grises grises.
Aun con estos matices, es un libro que merece la pena leer para disfrutar de su ambientación. Y un indicio de que Irvine es un notable escritor en ciernes. "Siembra de jade" es su primera novela, y el relato que se publicó en "Semillas de tiempo" no sólo era atractivo; tenía una estructura cojonuda. A ver si Bibliópolis (u otra editorial) publica alguna otra novela.
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Nacho, at 31/3/06 23:47
Bueno, desde que escribí esta reseña, hace ya un tiempo, le he dado una nueva oportunidad a mi por entonces denostado Powers (leyendo su "La fuerza de su mirada") y mi opinión sobre él ha cambiado a mejor. Pero aún así sigo manteniendo lo que sostengo en la reseña. Los parecidos con "Las puertas de Anubis" son bastante evidentes, pero sigue pareciéndome que "Siembra de Jade" está mejor resuelta.
En el sentido de que "Las puertas de Anubis" da mucho menos de lo que promete, creo yo. Es una obra que me dejó la impresión de que toda esa (interesante) historia sobre magia, cultos egipcios y viajes en el tiempo solo constituye un trasfondo para una historia bastante convencional. El protagonista escapaba de alguien, era capturado, huia, era mutilado, volvia a escapar de alguien (o bien lo hacia un aliado suyo), volvia a ser capturado... y la historia no avanzaba, ni, siempre en mi opinión, iba a ninguna parte. .
Aunque en Siembra de Jade también hay bastante de persecuciones, capturas, huidas y mutilaciones (je je), la historia sin embargo me dio una sensación de avance continuo, de que no se estanca en ningún momento, no sé si me explico. Aunque estoy de acuerdo en que el Deux Ex Machina llega a ser una constante, a mí, por contra, no me molesta tanto. Porque, como comento en la reseña, mi impresión es que en todo momento los personajes están siendo manejados por fuerzas superiores a ellos. Prescott busca a su hija, pero en realidad, y a través de él, Tamanend combate contra el chacmool (siendo ellos a su vez encarnación de las fuerzas del agua y del fuego, etc etc). Si muchas de las cosas que ocurren a lo largo de la novela parecen demasiado forzadas como para ser casuales es porque, al menos como yo lo interpreto, no lo son. Por ejemplo, no me parece que Archie encuentre la isla que mencionas por casualidad; más bien es como si "alguien" le guiase intencionadamente hacia allí -alguien a quien evidentemente poco le importan las penurias por las que pase Prescott o cualquiera que esté cerca de él. Cuando más adelante y en esa misma isla tenemos un nuevo ejemplo de aparición de deux ex machina de última hora, otra vez, no es algo fruto del azar aunque pueda parecerlo (ya con anterioridad queda clara la relación de ese personaje "salvador" con Tamanend, a través del agua, precisamente; es otro de sus "peones"). Mi impresión es que Archie, Steen y los demás son poco más que piezas de una partida de ajedrez entre dioses, que los llevan a donde ellos quieren, mientras cada uno trata de eliminar las piezas del otro y de evitar que eliminen a las suyas propias.
Y desde luego, también a mí me gustaría ver cómo se va desenvolviendo Irvine en sus siguientes libros. Ojalá veamos algo más suyo publicado por aquí pronto.
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Anónimo, at 1/4/06 21:49
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