Cumbres Borrascosas - Emily Brontë
por Iván Olmedo
Saboreamos ya de sobras el ansiadísimo siglo XXI y resulta que el gótico, lo gótico, está de moda. Scott (Ridley, no Walter) casi nos había convencido de que nuestros utilitarios financiados a tres o cinco años iban a colapsar los cielos, pero nada más lejos de la realidad. Las noches no pertenecen a los replicantes, sino al movimiento gótico. O, por lo menos, a una denominada tribu que opta por una estética decididamente oscura y deudora de otros tiempos, sobre cuya definición suele haber importantes discusiones. Por suerte no es terreno exclusivo de vampiros amanerados, chicas pálidas que visten redecillas negras y gatitos que se van al cielo. Por suerte, también, existe Valdemar, y sus responsables han tenido la brillante idea de recuperar en una excelente edición de su Colección Gótica uno de los clásicos menos apreciados y sin embargo más conocidos del género. Esto es, Cumbres Borrascosas. Y si mi apreciación parece un tanto radical, debemos pensar que, a través del cine, de la publicitación y eco que se le ha dado a esta novela desde siempre, se han cargado las tintas en una condición de novela romántica que no ha dejado contrastar el auténtico frenesí (¡sí!) gótico de la obra. No viene nada mal un pequeño resumen del inicio.Lockwood, el nuevo inquilino de la Granja de los Tordos, acude a presentarse ante su dueño, Heathcliff, en Cumbres Borrascosas, la decrépita mansión que éste habita. Allí encuentra un extraño núcleo familiar compuesto por el propio e irascible Heathcliff y dos huraños jóvenes de pocas palabras, atendidos por un más que escaso personal de servicio. La visita de cortesía se convierte para Lockwood en una misteriosa experiencia que fuerza su curiosidad y le empuja, a su vuelta a la granja, a interrogar a una vieja ama de llaves acerca de los habitantes de la casa. La historia de los Earnshaw y los Linton es desgranada por la mujer ante el asombro creciente de un oyente entregado...
Como decía, la visión de Cumbres Borrascosas como un novelón romántico sólo debería permitirse en el sentido más amplio de la palabra romántico, y aún así estaríamos haciéndole un flaco favor. No es necesaria la mención a H. P. Lovecraft en la contraportada del libro para reivindicar ante el mundo que nos encontramos aquí con una muy capaz y sugerente novela de terror. De terror gótico...
La contaminación del término y su banalización en forma de, un ejemplo, caricaturas de niñitas ojerosas estampadas en bolsos, no debe hacernos olvidar, ni mucho menos despreciar, los verdaderos pilares literarios. Entiéndaseme bien; el imaginario de melancólicos cementerios, muchachas blanquísimas al borde de la muerte y agotamiento espiritual es, de todas todas, patrimonio de esta literatura. Pero no deja de ser la zona más común, en la que no deberíamos detenernos, sino para caminar después un poco más allá. Y hablamos así ya de la sustancia, de las sensaciones. Una corriente de aire frío recorre al lector en su periplo por las páginas de esta novela.
Lo auténticamente valioso de Cumbres Borrascosas no es la historia de tiras y aflojas entre dos familias, los Earnshaw y los Linton (que podemos rastrear desde Shakespeare a Falcon Crest), sino la antinatural y casi aterradora historia de amor entre Catherine y Heathcliff, donde lo demoníaco planta en muchas ocasiones su huella. Es la historia de una pasión violentísima, más allá de lo físico y mental, que destruye las vidas no sólo de sus protagonistas, sino de todos aquellos que se encuentran a su alrededor. Y una gran parte de la fuerza de la obra recae en el gran descubrimiento de ésta, el malvado y arisco Heathcliff, un personaje poderoso de inteligencia diabólica y elemental. No debemos pasar por alto lo que la propia autora, por boca del ama de llaves, nos relata acerca de su origen: el padre de Catherine encontró a un niño deambulando solo por las calles de Liverpool; sucio, andrajoso, de cabellos negros y tez morena; un niño extraño venido de no se sabe dónde y que hablaba un lenguaje desconocido por todos. Una semilla del mal que el amo de la mansión plantó, sin saber, en su apacible jardín. No es difícil reconocer aquí la intención de la autora de mostrar un acontecimiento lo suficientemente desconcertante en su inquietante ambigüedad como para resultar fantástico y dejar que la imaginación del lector se desboque. Lo malsano de la personalidad de Heathcliff y su dependencia de Catherine es parte central de la narración, aunque ésta tenga muchos otros flecos. Cumbres Borrascosas no es, afortunadamente, uno de esos novelones góticos lastrados por el aparatoso atrezzo habitual del género (sí, ése por el que solemos identificar al movimiento) Emily Brontë no logra sustraerse, con toda lógica, a la condición de su texto decimonónico y bien es cierto que las páginas se dilatan un poco más allá de lo que aceptaríamos como obra redonda. Es, sin embargo, un lastre mínimo que se carga con gusto a la vista del resultado.
No quiero dejar pasar la oportunidad de permitirme una licencia y comentar el paralelismo que creo ver entre Emily Brontë y otra gran autora que ha dejado su huella en la literatura fantástica: Mary W. Shelley. Mujeres desgraciadas –mujeres de su época– aunque amantes de la vida, con una producción literaria escasa y que hallaron el camino necesario a la inspiración para, con una única novela, transmitir mensajes plenos de fuerza y rabia. Curiosamente, una rabia expresada a través de dos personajes masculinos que se cuentan entre los antológicos para la causa. Tanto Heathcliff como Victor Frankenstein son caracteres únicos que monopolizan sus vidas y atormentan las de sus seres queridos; hombres que han puesto los dos pies al borde de los abismos del alma y la moral humanas, estando a punto de arrojarse al vacío. Puntos en común que pueden acabar por ser reveladores en el estudio de ambas autoras.
Paradójicamente, a pesar de la comentada reinvención actual de la estética oscura y un acercamiento a ciertos temas, me da en la nariz que muchos miembros de la tribu no beben directamente de las fuentes densas y tormentosas que podemos considerar como esenciales del gótico. Quizás debamos aceptar que se ha caído en una exageración de los esquemas y Cumbres Borrascosas, a cierta distancia, puede atisbarse como un texto algo endeble, desnudo. Nada más lejos de la evidencia. No estaría nada mal que en estos tiempos que corren, cuando hasta las lecturas quieren imponernos, hagamos oídos sordos a los que quieren embaucarnos con el último bestseller que hay que leer (o comprar, al menos) por narices y dirijamos nuestra curiosidad hacia obras que puedan saciarla por sí mismas. No necesariamente escritas el mes pasado. 1847 es un año tan bueno como otro cualquiera, ¿verdad? Parafraseando: no pesan los años, pesan los kilos. Y es que últimamente, me temo, parece que las novelas se vendan al peso.
Título: Cumbres Borrascosas
Autor: Emily Brontë
Título original: Wuthering Heights
Año: 1847
Traducción: Rafael Santervás
Editorial: Valdemar
Colección: Valdemar Gótica nº55
Año: 2004
ISBN: 84-7702-490-1
Ilustración de cubierta: Caspar David Friedrich
A la venta en la Tienda de Cyberdark
Ficha en la Biblioteca de La Tercera Fundación





5 Comments:
Hola, solo quería dejar una puntualización, y no sobre el libro, que leí hace demasiados años como para acordarme bien de él, aunque sí recuerdo empezar sin ganas y terminar devorándolo. De lo que yo quiero hablar es de la demonización que estás haciendo sobre el movimiento siniestro, no sé si con conocimiento de causa o no, pero es que no puedo evitar defendernos a capa y espada allá donde encuentro este tipo de comentarios. Por favor, que nadie confunda el ser siniestro (o gótico, lo que prefieras, aunque a mí me da repelús) con los bolsos de Emily Strange y los seguidores de las nuevas corrientes del Metal y el Bakalao; el siniestro es un movimiento básicamente musical y estético que nació a finales de los '70, surgido de las raíces del Punk, pero con ansias más intelectuales. Y punto. Todo lo demás es pura mercadotecnia para niños que no saben lo que hacen. Los tíos que salen en la tele no son siniestros (o no suelen). Lo que se lee en los periódicos no tiene que ver con los siniestros. Por desgracia, sufrimos este tipo de críticas absurdas por doquier a causa de gente que no suele saber nada realmente sobre el tema, o nada más allá de lo que les venden los demás y ellos consumen con pasión porque "fíjate en esos tíos raros que duermen en ataúdes".
Por favor, a no ser que odies con pasión a los siniestros por algo personal, te pediría que evitases este tipo de críticas en el futuro, porque solo hacen más daño a un colectivo ya suficientemente destrozado por los medios de masas.
PD: por cierto, que a mí sí que vas a odiarme cuando te diga que no me gusta nada Lem, pero eso ya lo discutiremos en otro momento ;)
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Anónimo, at 15/5/06 10:39
Ummm... aquí ha pasado algo más habitual de lo deseable. O yo no me explicado bien, o tú me has entendido mal. Precisamente lo que yo "critico", no es el movimiento gótico y mucho menos a los siniestros (hace muchos años, allá por los ochenta, uno de mis compañeros de clase era siniestro, por lo tanto, el raro del curso, pero a mí me parecía de lo más normal, oyes...) sino a toda una legión de advenedizos y advenedizas (lo de Emily Strange es un ejemplo perfecto, y lo de Lenore, y lo de... y lo de... todo mercadotecnia) que os han dado mala reputación. Precisamente intento poner de manifiesto que "lo gótico" no son todas esas chuflas que se intentan aprovechar de un tirón comercial; y que es más antiguo, respetable y todo lo que tú quieras de lo que la situación actual da a entender. Y aprovecho para enlazarlo con Cumbres Borrascosas, obra que (estoy seguro) no se han leído ni una cuarta parte de esas chavalas con redecillas y bolsitos de niñitas muertas y ojerosas.
En realidad, estamos más de acuerdo de lo que has creído entender. Aunque no en Lem, claro...
Y de demonización, nada; de hecho creo que en la reseña no he mencionado al movimiento siniestro. También pienso que "siniestro" y "gótico" no son exactamente la misma cosa.
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Iván Olmedo, at 15/5/06 19:59
No sé, amigo Iván, pero por una vez me veo obligado a disentir de tu opinión. Me encanta este libro, de hecho es uno de mis favoritos, y sin embargo no dejo de ver demasiado forzada su inclusión en esta colección. ¿Terror gótico? Para eso están "El castillo de Otranto", "Los misterios de París" o "Melmoth", pero la presente... Me parece que la carga melodramática ahoga cualquier atisbo terrorífico, aunque te reconozco que en efecto, el caracter de Heatcliff, y su forma de amar, tienen mucho de violento y siniestros. De todas formas, es una gran obra que merece con justicia su reedición. Y además, la colección Valdemar Gótica hace tiempo que cada vez es menos Gótica, y se ha abierto a autores o estilos (como Lovecraft, Matheson o Bloch) un tanto más lejanos o variados. Esto no es una crítica, al contrario. Su selección de títulos me parece acertadísima (como que los tengo casi todos, inclusive Cumbres).
Saludos a todos.
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Alejandro Caveda, at 16/5/06 07:14
Vale, entonces veo probable que yo no entendiera bien lo que querías transmitir, I'm sorry! Es que se me ponen los pelos de punta cuando veo gente que confunde churras con merinas.
De todas maneras, quiero creer que el movimiento siniestro sigue siendo uno de los que más lee a nivel de grupo; el problema es que hay demasiada Anne Rice por medio, pero bueno, yo también he leído libros suyos. El que esté libre de pecado...
En cuanto a "Cumbres Borrascosas", estuve anoche pensando, y recuerdo a la perfección que Heathcliff fue uno de los primeros personajes literarios (lo leí con 7 u 8 años) que me "enamoró" con su forma de ser. Mis personajes preferidos, y creo que los de la mayoría de la gente, siempre han sido los más retorcidos, aunque luego tengan su pequeño corazoncito. Sin embargo, a ratos lo catalogaría más en novela trágica con tintes góticos, pero bueno, eso ya es cuestión para los entendidos del género, del que tampoco soy un gran fanático.
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Anónimo, at 16/5/06 09:13
Alejandro, para mí Cumbres Borrascosas tiene mucho más de terror gótico que de novela romántica, en eso creo que estamos de acuerdo. Aunque su forma de manejar el terror es sutil, y sugiere más que nada. Me parece una gran novela, justo es reivindicarla y sacarla del casillero rosa al que se la ha confinado, resaltando sus otras cualidades.
Lo que parece quedar claro, por lo que comentamos los tres, es que Heathcliff es un personaje mayúsculo y alucinante, que soporta gran parte del peso de la novela.
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Iván Olmedo, at 16/5/06 23:11
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